Los neumáticos chirriaron sobre el asfalto cuando la caravana de vehículos negros abandonó la mansión Moore, Owen conducía el primero con sus nudillos, blancos por la fuerza con la que sujetaba el volante, eran el reflejo perfecto del caos que se libraba dentro de él, mientras su teléfono no dejaba de sonar, informes, ubicaciones, confirmaciones, órdenes cumplidas todo llegaba a una velocidad vertiginosa.
—Los hombres del centro comercial ya vienen en camino, señor.
—Que aceleren.
Rebatió sin e