El cuarto olía a sudor, piel y algo dulzón que Ava no habría sabido nombrar, el aire estaba denso, Owen respiraba agitado sobre ella, aún dentro, con el pecho subiendo y bajando contra el suyo, y el pulso de Ava martilleaba en sus oídos, en el cuello, en las muñecas, en la punta de los dedos, y cada músculo de su cuerpo temblaba con pequeños espasmos que nada tenían que ver ya con el vibrador, y todo tenía que ver con Owen, tanto así que tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba jadeand