Los motores de los vehículos en donde se movilizaban sus custodios aullaban a su alrededor, pero Owen apenas las escuchaba, solo podía sentir el peso de Ava entre sus brazos.
El vehículo se sacudió al tomar una curva cerrada, y Owen apretó los dientes para no gruñirle a Javier que ya iba a exceso de velocidad, sus manos sostenían a la joven con una delicadeza que contrastaba brutalmente con la violencia que acababa de desatar en la fábrica, tenía la camisa manchada de polvo y sangre ajena, y el