Un mes, ese era el tiempo, nuevamente un mes, pero en esta ocasión Ava nunca había sentido treinta días tan largos, tan densos, tan… sofocantes, y no era solo porque, durante todo ese tiempo, ni Amy ni ella habían podido asomar la nariz fuera de la mansión por culpa de la “investigación” policial, tampoco era únicamente por la sensación de estar atrapada en una burbuja de mármol y cristal, era otra cosa, era la sensación constante de tener la piel… encendida, como si la mirada de Owen la siguie