Muy a su pesar, Owen se obligó a ducharse, el agua caliente le resbalaba por la piel, borrando el sudor, los restos del perfume de Ava, el rastro salado de su cuerpo, si tan solo existiera una forma de embotellar el olor que ella había dejado en su pecho, en sus manos, en su boca, sin duda lo habría guardado bajo siete llaves, pero, por ahora, lo que más deseaba no estaba a su alcance, y eso era repetir lo de noche con su hermosa Ava, pero aun así había algo aún más urgente que su propio deseo,