Capítulo – Divorcio y simplicidad
La mansión estaba en silencio.
Un silencio diferente al habitual. No era paz…
Era abandono.
Margaret bajó las escaleras con su bata de satén color marfil, impecablemente planchada, aunque ya hacía días que nadie la notaba. El desayuno no estaba listo. La mucama se había ido dos semanas atrás. No soportó más los gritos, ni las órdenes, ni el desprecio.
Encendió la cafetera sola. Y mientras el aroma del café llenaba la cocina, Margaret no pudo evitar notar la ir