Capítulo – Voces que Arden
Joselín no había salido de su cuarto en todo el día. Las primeras horas las pasó abrazada a la almohada, con los ojos fijos en el techo como si buscara en las grietas alguna explicación. Pero no había respuesta. Ni en el silencio, ni en los suspiros, ni siquiera en sus propias lágrimas.
A media tarde, tomó el celular y marcó. Paula atendió al instante.
—¡Jose! ¿Cómo estás? Qué lindo escucharte…
—En casa… en Alicante. No quería hablar con nadie, Pau. Pero contigo