Cuando Irina miró a Dorothy, que hasta ese momento estaba de espaldas, se quedó completamente avergonzada, sin saber qué decir. Debo haberme puesto rojo como un pimiento.
Los cachorros llegaron al banco, tratando de saltar para atraparme. Dorothy se inclinó y los alisó. Estaban agitados.
- Hola Douglas... Hola Dothy... ¿Cuál es cuál? - ella preguntó.
¡Vale, seamos realistas!
Bajé las escaleras y presenté a mis cachorros.
- ¿Debería sentirme halagado por los nombres? – preguntó, mientras tomaba