El amanecer se filtraba por los ventanales de la casa, tiñendo las paredes de un dorado tenue. Pamela permanecía de pie frente a la cristalera, con los brazos cruzados, como si aún no pudiera creer que la tormenta estuviese por terminar. La noche anterior había sido un torbellino: declaraciones, pruebas, abogados… y el regreso de Axel, herido pero firme, entregando la llave que abría la puerta de su libertad.
Detrás de ella, Cristhian apareció en silencio, sosteniendo dos tazas de café. Le entr