La madrugada vestía de gris los callejones de la ciudad, y Pamela sentía cada sombra como una amenaza latente. Había dejado su departamento con lo esencial: la memoria USB que Axel le había dado, algo de dinero, una muda de ropa y el número de un contacto que él mismo le había escrito en un trozo de papel doblado con manos temblorosas.
Axel no respondió su último mensaje. Y eso era mala señal.
El último sobre con la fotografía de Lina esposada la había desestabilizado. La imagen, aunque borrosa