La noche se adentraba en su fase más silenciosa cuando Pamela se permitió bajar la guardia. El reloj marcaba la una de la madrugada y, aunque el cuerpo le pedía descanso, el alma seguía alerta. El rostro de Iván Ferreira, su sonrisa cargada de intención, sus palabras disfrazadas de cortesía… todo seguía dando vueltas en su mente. Pero fue el calor firme de Cristhian a su lado lo que le dio ancla, una tregua en medio del vértigo.
Estaban en el salón, sin luces encendidas salvo la tenue lámpara d