La tarde cayó con un cielo anaranjado, bañando la fachada de Étoile con destellos dorados. A pesar de que el sabotaje en la clase había sido menor, Pamela no podía ignorar la sensación helada que le recorría la espalda cada vez que pensaba en la advertencia anónima hallada en su taquilla: “Esto apenas comienza.”
Cristhian había reforzado la seguridad del estudio y había mandado instalar cámaras nuevas. No dejaba de mirar su teléfono, atento a cualquier información que Axel pudiera enviarle desd