La luz de la mañana se filtraba tímidamente por los ventanales de la nueva casa. Étoile seguía en silencio después del sabotaje menor, y aunque Pamela había intentado retomar la normalidad, su mente no dejaba de repasar cada gesto, cada mirada, cada detalle que pudiera indicarle de dónde venía la amenaza.
Pero esta vez, el centro de su preocupación no era ella.
—¿No quieres desayunar, Abi? —preguntó Pamela con una sonrisa dulce, intentando no sonar tan angustiada.
—No tengo hambre… —respondió l