El silencio que se instaló entre ambos era denso, casi físico. Ni siquiera el aire acondicionado, siempre constante y preciso, parecía aliviar la tensión que se acumulaba bajo la piel de Liam mientras miraba a su abuelo.
Frederico permanecía inmóvil, pero su presencia ocupaba toda la habitación con su postura erguida, las manos cruzadas detrás de la espalda, la mirada firme de alguien que había construido imperios sin temer jamás a los enfrentamientos.
Liam sostuvo una postura firme, inquebrant