Liam cerró los ojos por un instante, como quien intenta recomponerse… y falla.
—Ella es como una adicción para mí —dijo Liam, con la voz volviéndose más ronca, más densa—. Una adicción que necesito todos los santos días para no perder la cabeza.
Frederico dejó escapar un suspiro casi inaudible, atento.
Liam exhaló un aire pesado, frustrado, como si reviviera algo que quemaba más de lo debido. Se volvió despacio hacia su abuelo, la mirada oscura, intensa, herida.
—En la cama… ella es un huracán