Frederico solo esbozó una sonrisa ladeada. Esa sonrisa que nunca lo revelaba todo, apenas lo suficiente como para dejar a cualquiera intrigado.
—Las sorpresas pierden la gracia cuando se revelan, jovencita —respondió, cortés pero enigmático—. Solo estate preparada.
Y, sin añadir nada más, se dio la vuelta y salió del cuarto, dejando tras de sí un leve perfume amaderado y un silencio cargado de preguntas.
Olívia se quedó inmóvil unos segundos, con el corazón acelerado. Algo estaba por suceder.
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