Capítulo 85 — Armas de Seducción

Frederico solo esbozó una sonrisa ladeada. Esa sonrisa que nunca lo revelaba todo, apenas lo suficiente como para dejar a cualquiera intrigado.

—Las sorpresas pierden la gracia cuando se revelan, jovencita —respondió, cortés pero enigmático—. Solo estate preparada.

Y, sin añadir nada más, se dio la vuelta y salió del cuarto, dejando tras de sí un leve perfume amaderado y un silencio cargado de preguntas.

Olívia se quedó inmóvil unos segundos, con el corazón acelerado. Algo estaba por suceder.

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