Minutos después, Liam salió del cuarto y caminó por el pasillo con pasos firmes, todavía ajustándose el reloj de pulsera.
La expresión era la de siempre. Fría, contenida, indescifrable. Ni un rastro de cansancio, ninguna emoción visible.
Al acercarse a la escalera, oyó risas que venían del salón. Eran Olívia y Laura.
Liam se detuvo un instante, observando la escena abajo. Las dos conversaban con Olga y Frederico. Olívia le mostraba algo en el celular al abuelo, que sonreía. Una sonrisa rara, ge