La vendedora soltó una risita suave, como si disfrutara provocarla.
—Ah… y en cuanto al señor Holt ahí afuera… —señaló discretamente con el mentón hacia la sala reservada—. Cuando salgas, míralo como si estuvieras plena, segura de ti misma. Tiene el aire de quien sabe exactamente lo que hace. Y sé feliz. ¡Tonta!
Olívia refunfuñó, dándole la espalda.
—Genial. Ahora estoy todavía más nerviosa —dijo, empujando la puerta del probador—. Yo pensando que iba a comprar solo un vestido…
La vendedora vol