El comentario de Frederico quedó flotando en el aire, pesado, casi como una sentencia.
Olívia sintió que el estómago se le encogía, pero mantuvo el rostro sereno. Aquella pregunta no era simple curiosidad. Era una prueba. Una manera de medir reacciones, de observar gestos, de comprobar si la pareja realmente estaba en sintonía.
Liam, por su parte, no se inmutó.
Su mirada permaneció fija en el abuelo, el tono de voz controlado, frío como siempre.
—Lo oirá todo en el momento oportuno, abuelo —res