El Rolls-Royce se detuvo frente a la entrada principal de Trident. La fachada de cristal reflejaba el movimiento de la ciudad.
El conductor bajó primero. Abrió la puerta trasera. Frederico salió sin prisa. El bastón tocó el suelo.
Una vez.
Dos.
Tres.
Entonces el conductor abrió la otra puerta.
Olivia permaneció sentada durante unos segundos. Los ojos alzados hacia el edificio. Durante algunos meses, aquel lugar había sido su segunda casa. Ahora parecía territorio extranjero.
—Si estás esperando