Frederico estaba sentado en la sala de estar con Meredith acomodada en su regazo. La escena, por sí sola, habría sido suficiente para dejar a cualquier miembro de la familia en estado de shock.
El patriarca de los Holt. El hombre que había liderado un imperio. El estratega implacable que veía el mundo como un gigantesco tablero de ajedrez. Estaba intentando enseñarle a hablar a una bebé.
—Vamos, Mini Joven... —dijo con toda la seriedad del mundo—. Abuelo.
Meredith parpadeó.
—Bue.
—No. —Frederic