El silencio se volvió asfixiante.
Alberto apretó la mandíbula.
Liam continuó.
—Y esta vez... no servirá de nada intentar meterme en prisión otra vez. —Enderezó lentamente la postura—. Porque quien terminará entre rejas serás tú.
Sus ojos estaban completamente fríos ahora.
Muertos.
—Voy a destruir todo lo que construiste.
Alberto respiró hondo, intentando mantener la compostura frente a él.
Pero Liam ya no parecía humano en aquel momento.
Parecía alguien impulsado únicamente por el dolor.
Y por