Liam se pasó los dedos por el cuello de la camisa, aflojando el botón. No levantó la mirada.
—Estaba conduciendo una negociación multimillonaria, Alex —respondió Liam, sin alterar el tono—. Mi papel allí no era agradar a nadie. Era cerrar el contrato.
—Yo quería que cerraras el contrato sin casi echarlo todo a perder —dijo Alex, firme, pero sin elevar la voz—. Hoy, los inversores solo firmaron porque la propuesta era demasiado buena para rechazarla, no por ti. Y eso no es habitual.
Hizo una bre