La carretera se extendía recta y silenciosa. Alex mantenía las manos firmes en el volante, la mirada fija al frente.
Ísis, con un movimiento lento, llevó las manos al cabello. Deshizo el recogido y dejó que los rizos cayeran libres sobre sus hombros, su perfume sutil invadiendo el espacio reducido del coche. Sus dedos descendieron entonces hasta el cinturón de seguridad, soltándolo.
Se inclinó despacio, girando el cuerpo hacia él sin prisa. Sus ojos se encontraron con los de él por un breve ins