Laura cerró los ojos por un segundo y respiró hondo.
—Organicé mi vida. Enfrenté lo que tenía que enfrentar. Y volví. Volví a ti. Porque esta vez no estaba dispuesto a perderte otra vez. Te prometí que te llevaría al altar. —Respiró profundamente—. Y un hombre que promete… cumple. Y aquí estamos.
—Aquí estamos… —repitió ella, casi sin voz.
—Todo hombre sueña con una mujer que le traiga paz, consuelo… que lo acepte tal como es. Pero tú no eres nada de eso.
Una leve sonrisa apareció en la comisur