Peter frunció el ceño, con un tono cargado de autocompasión.
—Me arrepentí de haberme casado con ella… —dijo, como si eso bastara para absolverlo—. Vivamos nuestra vida. Deja a ese hombre. —insistió, en voz baja—. Yo criaré a tu hijo como si fuera mío.
La frase quedó suspendida en el aire como algo enfermizo. Él realmente lo creía. Creía que todavía tenía algún derecho. Que aún podía elegir. Que aún era una opción.
—¿Dejar a mi marido? ¿Te arrepentiste? —sonrió, incrédula—. Pues Bianca es la pe