Edgar entró en la habitación en silencio, cerrando la puerta con cuidado detrás de sí. La luz tenue dibujaba sombras suaves en el ambiente y reveló a Laura saliendo del vestidor, vestida con un camisón ligero y elegante, que se adaptaba a su cuerpo con naturalidad.
—¿Se durmió, Nego? —preguntó en voz baja, con los ojos atentos y llenos de cuidado.
Edgar asintió, acercándose despacio, con pasos contenidos para no romper la calma del lugar.
—Me pidió que me acostara un rato con ella… —dijo tambié