Liam preguntó. La voz salió controlada, pero cargada de autoridad. Estaba de pie, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, la mirada demasiado atenta para ser casual.
Charles se levantó de inmediato, casi por reflejo.
—De ninguna manera, primo —dijo, extendiendo la mano—. ¿Cómo estás?
Liam le estrechó la mano con firmeza, sin sonreír, sin prolongar el gesto. Luego tomó la mano de Olívia con la misma firmeza silenciosa y asintió apenas con la cabeza, dejando claro que era momento de levan