Vladimir llegó a la cabaña agitado, con los nervios a flor de piel. Abrió la puerta con desesperación y, al entrar, la vio: América yacía inconsciente sobre la enorme cama. Desde que había planeado el secuestro, había mandado amueblar ese lugar con lujo y detalle. También había contratado servidumbre. Quería que todo estuviera listo para cuando ella llegara.
La joven aún estaba bajo los efectos del químico que le habían hecho inhalar para desmayarla y facilitar su captura. Según le contaron, la