Las amigas de América habían pasado todo el día intentando comunicarse con ella. Su móvil permanecía apagado, y aunque la maestra les dio una explicación tranquilizadora, la inquietud no desapareció.
—Nuestra compañera América está un poco delicada de salud —les dijo la profesora durante el receso—. Su esposo me llamó esta mañana. Al parecer el médico dijo que mañana ya podrá volver a clases.
Aquellas palabras trajeron un poco de alivio, pero la preocupación no cedía. El hecho de no oír su voz