Mateo no respondió. Solo le acarició la mejilla.
—Duérmete.
Isabella asintió.
—Está bien.
Mateo esperó a que se quedara dormida antes de salir del dormitorio.
Después fue al estudio y permaneció largo rato frente al ventanal.
Las imágenes del celular de Antonio seguían repitiéndose en su cabeza.
Héctor siempre había sido su rival en los negocios.
Se habían enfrentado innumerables veces, tanto abiertamente como a escondidas.
Probablemente era el único que podía competir con él en aquel terreno.
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