Antonio se acercó y preguntó con aparente seriedad:
—¿Ya comiste? Si no, podemos comer juntos.
A Camila le pareció el colmo de la hipocresía.
Soltó una risa fría.
—No finjas que somos amigos. Tú y yo no tenemos esa confianza.
Antonio alzó la voz, burlón.
—Mira nada más. ¿Tan pronto quieres desligarte de Mateo?
Antes, Camila se había esforzado muchas veces por agradarle con tal de poder ver a Mateo.
Ahora solo veía su falsedad.
Lo miró con frialdad.
—Sí.
No intentó negarlo y admitió sin rodeos qu