Al día siguiente, al salir del trabajo al mediodía, Camila fue a un restaurante cercano que servía comida casera con mucho picante.
Ya se había acostumbrado a comer sola.
Apenas entró, un mesero se acercó a recibirla.
—Buenas tardes, señorita. ¿Mesa para una persona?
—¿Me puede dar una junto a la ventana?
Camila miró en esa dirección justo cuando Fernando se levantaba de una mesa.
Había alguien más sentado con él.
Aunque solo le veía la espalda, reconoció a Santiago de inmediato.
No sabía de qué