En realidad, Valentina ya había ido a la enfermería del kínder.
Pero, después de pensarlo, había decidido no dejar que le atendieran la herida.
Era mejor que Mateo la viera así.
Él se alarmó.
—Te llevo al hospital ahora mismo.
Después de que le curaran el dedo, Mateo las llevó de regreso a Residencia Vértice.
Catalina salió enseguida a recibirlos.
—Prepara una sopa de verduras para la cena, algo ligero —le indicó Mateo—. Valentina se lastimó el dedo.
Catalina sonrió.
—Claro.
Cuando entraron a la