Sofía tenía la cara cubierta de moretones. Tenía un ojo tan hinchado que apenas se le veía.
Se quitó también la gorra. Tenía hematomas en el cuero cabelludo y le habían arrancado varios mechones.
Camila se acercó, indignada.
—¿Otra vez fue Fabio?
Sofía no lloró. Solo asintió.
—Sí.
Había sufrido decepciones de sobra, pero seguía negándose a dejarlo.
Convivir con alguien tan violento y seguir viva ya era una suerte.
Camila frunció el ceño y se volvió para buscar su celular.
—Voy a llamar a la poli