Qué coincidencia. Justo cuando Ana y Fabiola llegaban a las escaleras, se encontraron con Mateo, quien al ver a Ana, sintió que toda la ira que había logrado contener volvía a surgir. Sus astutos ojos se tornaron rojos y su mirada se llenó de hostilidad, en marcado contraste con la serenidad de Ana.
Fabiola, aunque ignoraba lo sucedido entre ellos, intuyó que no era nada bueno. Mateo ni siquiera dirigió una palabra a Ana, sino que al ver a Isabella en la sala, se dirigió directamente hacia ella.