—¡Mientras yo viva, Isabella jamás cruzará la puerta de los Herrera! Y si insistes en casarte con ella, ¡tú también puedes largarte! —aquellas palabras hicieron que la poca alegría que habían sentido los tres Ramírez se desvaneciera por completo, dejándolos con expresiones igualmente sombrías.
Las palabras de Carlos habían convertido su visita de esta noche en un acto de ingenuidad. Los Herrera claramente los despreciaban, y ellos solo habían venido a humillarse. Aunque estaban furiosos, la posi