No necesitó decir más.
Ana era lo suficientemente inteligente para entender.
Sin hacerse la difícil, aunque dudó un momento, dijo: —Señor Urquiza, si te quedas en mi casa esta noche, tendrás que conformarte con el sofá.
Gabriel preguntó confundido: —¿Quién está en tu casa?
—Tu prima, Selina —respondió Ana.
Gabriel no tuvo tiempo de preguntar más detalles porque, con el sonido del "ding" del ascensor, notó la venda blanca en la muñeca de Ana.
Su mirada se oscureció al instante —¿Qué te pasó?
Una