—¡Tadeo, te voy a dar hasta tres para que lo borres ahora mismo! —amenazó Mateo entre dientes.
Su traje estaba todo arrugado después de pasar la noche sentado fuera de la puerta. Las ojeras oscuras bajo sus ojos le daban un aspecto agotado.
Una imagen completamente opuesta a su habitual apariencia elegante y distinguida.
Tadeo, cubriendo su teléfono, sonreía de manera provocadora —¡Imposible! ¡Además, pienso mandarlo al grupo ahora mismo!
Lo decía a propósito para provocarlo.
¡Hmpf! ¿Quién le ma