Capítulo 369
Ella seguía sin rendirse.

La paciencia de Gabriel se había agotado. Se levantó repentinamente y caminó hacia Isabella.

Instintivamente, Isabella tragó saliva y retrocedió dos pasos, hasta quedar con la espalda contra la fría puerta. Sus palmas estaban pegajosas por el sudor nervioso.

Conteniendo la respiración, murmuró:

—Señor Urquiza...

Gabriel extendió la mano con tono que no admitía réplica:

—Dámelo.

En un instante, el pánico se apoderó del rostro de Isabella. Su mirada era errática, incapaz
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