La temperatura en Terraflor subía día tras día.
A finales de abril, el termómetro ya marcaba treinta y cinco grados. El sol abrasaba.
La tarde era el momento más caluroso del día. No había mucha gente en la calle cuando Ana esperaba a Sara bajo la sombra de un árbol.
Cinco minutos después...
—Disculpe, señorita Vargas, por hacerla esperar.
Un Audi blanco se detuvo frente a Ana y Sara bajó apresuradamente con su bolso, caminando hacia donde estaba ella. Amablemente le ofreció una botella de agua