Una extraña sensación cruzó rápidamente su mente.
Cuando se sentaron a comer, Tadeo, astutamente, aprovechó para ayudar:
—Ana, te lo digo en secreto: en realidad Gabriel me pidió que viniera esta noche. Todos estos platos los encargó él al restaurante y me pidió que los recogiera después de clase.
¿Una persona tan atenta no te conmueve?
La reacción de Ana fue inesperada para Tadeo.
Estaba demasiado tranquila.
Solo respondió:
—Ya veo.
¿¿¿Y eso era todo???
Tadeo, sin rendirse, insistió:
—Ana, ¿no