—Ana —una voz profunda cargada de fatiga.
El hombre bloqueó el paso de Ana, su alta figura proyectando una sombra que la envolvía por completo. Todo estaba oscuro sobre su cabeza.
Ana retrocedió un paso con cautela, mirando al recién llegado con frialdad:
—No sabía que tenías talento para acosador.
El tono sarcástico apenas provocó un destello de ira en Samuel.
Reprimió su enfado y la miró con intensidad:
—Ana, hablemos.
Estaba intentando mantener la calma.
Pero su tono seguía siendo imperativo.