Cyrus se sentía inquieto y hasta un tanto desesperado. Intentaba concentrarse en el trabajo, pero no dejaba de golpear la cabeza de su bolígrafo dorado contra la superficie de su escritorio.
Estaba acostumbrado a llevar y traer a Stella, y eso ya se le había vuelto rutina, un mantra necesario en su día a día para sentirse tranquilo y en paz consigo mismo, y especialmente para asegurarse de que ella estaba bien y que nada malo le estaba pasando. Pero esa mañana, Stella le había arruinado esa r