Cyrus parpadeó, con una mezcla de sorpresa, impresión e incrudulidad.
—¿Estás...? ¿Tú estás segura de lo que estás diciendo, Stella? —le preguntó.
—Sí. Lo estoy, Cyrus. Lo estoy —respondió ella y agarró puñados del cuello de su chaqueta, para atraerlo hacia sí y darle otro beso, más suave, más lento, pero tan intenso como para demostrarle que lo que decía era verdad—. Ya no tengo miedo porque sé que no tengo que tener miedo de ti. Me siento segura contigo y quiero tenerlo todo contigo... qu