Stella se inclinó y posó sus labios sobre el hombro desnudo de Cyrus.
El beso no fue gran cosa, apenas un suave toque de sus húmedos labios contra la piel ardiente. El contacto fue breve, ligero. Cualquiera habría dicho que algo ordinario, pero para Cyrus lo fue todo.
Stella continuó inclinándose, dejando más de esos besitos ordinarios por su piel y él sintió que con cada uno de ellos moría lentamente.
Joder. Era tan dulce. La clase de dulzura adictiva que no había encontrado nunca en nin