El centro comercial estaba lleno de gente pese a ser un día laboral. Stella y Cyrus caminaban uno junto al otro, abrigados apenas con ropa ligera, muy lejos aún de lo que les esperaba en Aspen.
Stella observaba los escaparates con una mezcla de emoción y nerviosismo.
Nunca había comprado ropa para un clima tan frío como el de Aspen. Ni siquiera ropa realmente gruesa, como para la montaña.
—Sigo sin creer que vaya a necesitar… —hizo un gesto amplio con las manos— todo eso.
Cyrus sonrió, metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo.
—Créeme —dijo—. En Aspen eso es sobrevivir, no exagerar.
Stella lo miró de reojo.
—Habla el experto —bromeó—. Señor “crecí rodeado de lujos y viajes”.
—Objeción —respondió él—. No crecí esquiando cada invierno, pero sí aprendí a no subestimar el frío.
Entraron a una tienda especializada en ropa de invierno. Abrigos gruesos colgaban de percheros altos, pantalones térmicos perfectamente doblados ocupaban mesas completas y botas enormes pa