El departamento de Cyrus Leroux estaba en penumbra, iluminado solo por el resplandor azul del televisor que seguía encendido sin sonido. En la mesa del comedor, un vaso con ron y hielo se condensaba lentamente.
Él estaba allí, sentado frente a la pantalla de su portátil, con la mirada fija y los nudillos aún adoloridos del entrenamiento.
Se tocó el mentón y soltó una sonrisa leve.
—Vaya derechazo, Stella —murmuró, casi con orgullo.
El golpe había sido fuerte, sí, pero no dolía tanto com