MARCO
El mensaje de Valentina llega como un latido de socorro a través del silencio. Un número desconocido, palabras escuetas, pero su voz—su miedo, su desesperación—está en cada sílaba. «Montevico. Luciana Conti. Me buscan.» Leerlo es como recibir un puñetazo bajo el costado. Cada instinto grita dentro de mí: ir ahora. Dejar todo, subir al auto y recorrer cada kilómetro hasta esa aldea de nombre extraño y sacarla de ahí.
Pero la realidad, esa puta fría y obstinada, tiene mis muñecas atadas con