DORIAN
El teléfono vibró sobre la mesa de caoba como un insecto moribundo. Lo tomé en el segundo tono. Eran las siete de la noche y yo estaba sumergido en mis estrategias, trazando los últimos detalles para exterminar a la basura que osaba interponerse en mi camino. Mapas desplegados, informes de inteligencia, nombres marcados en rojo. La guerra contra los Falconi apenas comenzaba, y yo ya saboreaba su sangre.
—Dime.
—Jefe —la voz de mi vigilante llegó distorsionada por la mala conexión, pero r